CUANDO VUELVA Y ME VAYA (poema)

Publicado en por Corrección de textos literarios y traducciones

 

Continúa la marcha y no detiene su embestida

por las riberas y calles lúcidas

el autobús que esperé en la esquina del deseo.

 

Simpatizo con viajar en el sesenta y nueve.

Es el que me deja más cerca,

de tu colchón, piernas y fuente.

Pasa de vez en cuando

pero pasa cuando hago cola

sin que me esperes.

 

Lo pierdo si no llego temprano

y después vagabundeo entre los ojos vecinos.

 

Viven apasionadamente las madrugadas

no siempre frescas

y sigo a un lado de las ligustrinas viendo fantasmas

si las luces enrojecen con tu desnudez.

 

Si veo la luz encendida,

                                      después,

que dejo de buscarte

por tus calles de almendras y flores blancas

sueltan a volar los pájaros

y las guirnaldas suelen bailar con el aire.

 

Regreso al portal.

Zambullo las historias en cada uno

de los contenedores de la esquina.

Proyectan jadeos los que no actúan en vídeos

donde simulan escenas sin ropa

como hacemos nosotros en la cocina.

 

Los anónimos se proyectan mareados

y los mosaicos se corren y sofocan.


¿Quiénes y por qué nos imitan?

 

Cuando todo pasa

entre tu ventana y la mirada de mis sentidos

encuentro el portal cerrado con candados

y maderos clavados con saña.

 

Dimos cierto día,

las espaldas al hoy y al mañana

lo amenazamos de muerte.

                            Utilizamos al dolor, ese que duele de verdad

                                 en platos de tamaños diferentes

              y las porciones nos dejaron con las manos alzadas

                                y a las gargantas sin noticias que dar.

 

Siempre que llego, cuando es llanto tu distancia

los besos

y las esquirlas se confunden bajo mis pies…

Mis sandalias son a veces clandestinas,

a veces más clandestinas son

                                        cuando son sigilosas las noches.

 

A los besos,

se los robamos al destino de los huracanes

y se perdieron cuando no te dije hasta luego.

 

Las veces que espero el tranvía,

ese tranvía que me aparta

de tu ventana infinita

se para en la mitad de cualquier serranía

y se mofa de mí.

 

Tomados de la mano la risa y yo

tengo ganas de no encontrarte

en lo perenne de tus ropas ajustadas

ni con las luces de tus lámparas difuminadas

en el humo de tostadas y café.

 

Siento tentación de desvestir tus células

                                             Arrancarte el deseo que no brilla,

                                                            que es mudo y lánguido

                                      como la voluntad de dar las espaldas

                                                 a tus senos y berrinches

                                                al genocidio de tus miradas y

                                                            a mis fugas repentinas

                                                   hacerlas volar por los aires.

 

Nada hago

porque no puedo remediar mi necesidad de ti.

 

Una tarde

pasé por tu azotea entre dos alas.

Eras domingo y yo lunes de años bisiestos.

El lunes no llovía como llovió el miércoles

y al año siguiente imploramos lluvia.

 

Entonces, los balcones tomaban sol

bajo los toldos de las manos tuyas

y la irreverencia en los cabellos

hacían juego con los alelíes.

Era lunes de tarde cuando salí de tu mundo

sin decir dónde o con quién me fui.

 

No dije palabra y sin mirar nada más

pasó que etiqueté la maleta

en el aeropuerto lejano a tus ojos.

 

Esa fue una vez, la otra

fue en donde fuman cachimbas

que ardieron mis deseos de volver a ti.

 

Otra necesidad de volver a tu piel

fue donde se producen las drogas

y acaban los sobrevivientes vencidos.

La tercera vez recuerdo

que era en la cárcel de los moribundos

donde aterrizamos con los combustibles

hechos flama para que me regrese el viento

a tus manos generosas.

 

Siempre paso cerca,

a veces duermo entre tus senos

cuando no estás cerca de mí…

…otras, llego por el tejado hasta tu ventana

después camino sin rumbo

y más de una vez

no supiste que estábamos soñando juntos

en las esquinas de la luna creciente.

 

 

Hoy que es viernes de lluvia y

es tarde de melancolías y

es día de siesta y

es día de espera en las sábanas del hospital

lejano a tus ojos, acaricio el nombre.

 

                            Los excitados hombres de traje

                              dejan ver sus faltas y miserias

                                  en el mundo donde el agua

                                    no siempre es calma o caliente

                                         pero si te lo digo la verdad

 

amada mía

 

quisiera rozar tu piel de antojo, tu rostro de flor

y tu piel perfumada con el aliento fresco

                    del crepúsculo.

 

                           Volveré en días.

                                                  para esperar en el camino.

Esperaré el sesenta y nueve

hasta que me deje en el portal de tu casa

sobre el colchón, cerca de tus piernas y fuente.

 

Pero ¿y si continúa cerrado tu portal?

 

Derrumbaré las estructuras,

morderé el polvo del derribo

y sabré que sigue cerrado por vacaciones

 el largo año del amor.

 

Te doy las espaldas después de acariciar tu foto

en el anonimato del portal siguiente,

                   que es portal de olvido y de número pares.

 

Cuando te doy la vida que me prestaron por días

y te cubro con las sonrisas y besos

la mala excepción de un te quiero cerca,

más un silencio ruidoso detrás de la montaña

te lo doy de corazón.

 

Cuando te doy la vida alquilada

te doy el canto voraz del pájaro y el zumbido de insectos

transándose con el despegue de mi avión.

 

Vuelo.

Despega para dejar olvidado el aeropuerto lejano a tus ojos

conmigo dentro de la maleta que morirá

en el olvido de la oficina de objetos bufados.

 

Hoy es jueves otra vez y vuelvo

para subir al mismo autobús

que antaño me regresó a tu portal

con el sentido pésame en mis oídos.

 

Ni la vida ni los pies partidos son míos

porque los paseé de un extremo a otro

tras los corchetes de un tormento

y esta vida que te doy

es la única que tengo para ofrecer

después que vuelva y me vaya

lo sabrás.

 

Jorge Stteger Bongoâ

 

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te dejaré la dirección de mi casa, entrarás y te sentirás en las nubes. ¿Quieres?



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