SIN CORTAPISA cuento

Publicado en por Corrección de textos literarios y traducciones

 

 

 

 

Hasta que la vi parada tarde en el centro, noté su ausencia en el barrio. Me costó un poco de trabajo reconocerla sin su uniforme pero la señora es una de esas personas anónimas que hace parte del paisaje urbano y en su rutina, no puede pasar desapercibida como el policía, el bolero o el voceador.

Barría desde que me acuerdo en la calle donde me mudé hace más de siete años y desde entonces, la observo.

Es híper delgada y alta. Usa la gorra como la del Chavo del ocho y dos trenzas lánguidas caídas sobre los hombros. El overol naranja chíngame el ojo y el chaleco fluorescente, son los artilugios que la destacaban entre los coches. Usa, -lo recuerdo bien- , las pestañas tiesas como patas de arañas por el rimel y cuatro capas de maquillajes más claros que su piel.

-¡Créanme amigos! parecía un personaje sacado de la coreografía de Marcel Marceau.

Su imagen y su coreográfica forma de mover la escoba, el mandibuleo y el chasquido gr acioso de sus chicles, la hacía única, eso sin incluir el ritmo salsero que le provocaba el radio al cinto.

 

-¡Si la hubieran observado como yo a lo largo de los años!-.

Nadie podía dejar de contagiarte de su salero y alegría al trabajar. No cabe duda, siempre creí que entre las de su gremio era una diosa.

 

Esa tarde, la encontré  en una dulcería comprando sus mágicos chicles, me acerqué despacio y con cierta curiosidad la saludé.

 

         -¿Hola señora cómo está? Hace mucho que no la veo trabajando por mi calle...

 

- Es que dejé el trabajo.


- ¿Por qué después de tantos años?


- Lo que pasó es que llegó una jefa que lo reborujó todo. Me ordenó que dejara mis audífonos, que ya no me pintara y mis chicles... ¡uf!, ¡¡¡me ordenó!!! -deja ya esos chicles. No puedes trabajar  a partir de mañana, masticándolos...!!!

- ¿Y usted...?


- Me fui después de veintiun años sirviendo a la ciudad...


- ¿Renunció?

         

Si repuso ella y tan seria, tan airosa y fea como siempre se marchó .  ¡Les juro amigos del alma!, me quedé pensando en la libertad.

 

 

Jorge Stteger Bongoâ

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S


Si no puedes ser tu misma, no merece la pena continuar, viva la magia de las personas autenticas, viva la fea escobera salsera, aprendamos todos un poco de ella.



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M

UN CUENTO NO ES SOLO LA HISTORIA EN SI Y COMO SE SESPRENDE DEL PRESENTE, INCREIBLE QUE TODAVÍA SE SIGAN MANIFESTANDO ESOS VALOREES TAN ARCAICOS Y ESA SEMI EXCLAVITUD.


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