CONTRA LA PARED Y EL ESPEJO (poema)
Otra vez la frente del sosiego
se dio contra la pared.
Tus senos no reposan en mi boca
ni tus pezones ven el día.
No se inmutan ni tus pezones
ni tu piel se eriza con su carácter.
Busco las cicatrices
del día en que hicimos el amor
y recordé verlas en el baúl del abuelo.
Las señas del tiempo llevan la marca
a las espaldas de los fondos de botella.
Con tu ombligo descocido,
tu falda arrancada de un lambetazo,
sin braguitas a la vista y despeinada tu alma
solo piensas en follar…
No llevas en la piel la última caricia.
Olvidaste cargarla después de la ducha.
Con tu sensualidad
pretendes cocinar todo el clima y el tiempo.
Fabricas un silencio tatuado en tu boca
y con el meneo desde la cabellera
a los pies solo quieres follar.
Te recuerdo mía.
¡¡¡Te recuerdo tan mía!!!
Desmaya el día, se suicida la noche
se despierta el muerto y
resucitan verdades infundadas en los celos.
Se levantan del sueño los callejones
y las noches llanas
restan a la lucha de la noche anterior.
Cargamos la lengua envenenada
y con los dientes enfilados para la sutura
nos envuelven las manos
de saladas gárgolas.
¡Qué rico es sentirse amado!
Aunque sean
las luciérnagas o las farolas
las que nos besen.
Somos de noche para el alba.
Nos damos el gusto de arrojar todo al vacío.
Con las manos calientes
no atropellamos nuestros poros
ni dejamos el sol acariciar los paseos.
Dilapidamos todo lo que tuvimos.
Las flechas de cupido
están olvidadas en el garaje.
Te amo dices y quieres follar.
Hambrienta está la hembra del chacal.
Llevas sangre en la comisura de tus labios
y te amo e igual te odio.
Miro tu postura a veces felina
y no te siento entera ni mía.
Eres del tiempo, del clima y la luna.
Soy el calidoscopio de un columpio,
el detonador de una bomba, el cualquiera
que hubiera dado la vida por ti…
Soy una risa y una nariz de payaso,
una bota de un color, dos zapatos de trapo.
Soy una horca sin cuerda
donde el verdugo espera.
Soy su sombra sin cordón o pena.
Soy,
a sabiendas
el perseguidor de tus caderas
de tu cintura, de tus brazos y nariz.
Fui,
el que te besó con furia e inyectó
un mundo nuevo en tu desconocido universo,
el que metió las manos y los pies en el fuego
el que se deshace en llanto y aullido
cuando te afirmo distante y desnuda
reflejada en el espejo…
Jorge Stteger Bongoâ