DEJÉ CAER BESOS (poemas)
La bifurcación divide en sueños y blasfemias
las instancias de las utopías
en medio del arenal.
Los caminos
casi siempre hermanados con las colinas
las olas
casi siempre hermanadas con el fracaso
y sus biografías
con el antónimo de lo absurdo
en los calcetines,
se disparan y se pierden de vista.
Empalidece el río
cuando te escondes y huyes de mi costado.
Por saber de los pecados y mandamientos
no creo cometer los que dices.
Solo busco tu nombre
entre los archipiélagos.
Es absurdo estar vivo sin tu alma próxima
sin tus labios besándome
y sin tus manos envolviendo mis piernas...
...pero estoy vivo,
casi vivo, mitad muerto, casi muerto.
En este lado del océano
dejo caer algunos de mis besos más calientes
para que cuando los encuentre,
me beses.
Para que me recuerdes cuánto fui en tus telarañas,
y para que a tus manos
las conviertas en puños de acero negro.
Si por los caminos opuestos
encuentras al menos dos o doce
o cien o cientos
resoplarás y no verás de madrugada
que en el pasillo de la cola al infierno,
estoy yo.
Sin ti soy como un don nadie
envuelto para desaparecer.
¡¡¡Qué tremenda es la distancia
si no alcanzo a ver la cercanía!!!
...si no rozo ni tu aliento ni tu pelo,
si no me toca tu áurea
si tu palabra se estrecha en una trinchera
de trapos y quijotes.
II
Si dices algo
no quebranto tus pensamientos y
cuando digo
"te deseo",
a los pecados los cometes tú.
Esa carne tuya se hace trenza,
se retuerce
se hace pequeña
y se agiganta.
Me esperas con el rosedal de tus dedos,
plantada en la puerta.
Me esperas con los ojos abiertos
con los sueños encumbrados,
con la desolación aparcada
y con ganas de enredarte
en todos los pormenores de mis palabras.
III
A los pecados los cometes tú
porque solo dije: "te deseo".
IV
No cubres de amnesia tus emociones
y te dejas llebar por las cosquillas y escalofríos
las risas y los lloros,
los orgasmos y los gemidos...
Clamas a los vientos
entre una sábana y otra
tener vida suficiente
para el momento de consumar toda tu impiedad
contra mí.
Te haré mi hembra por lo que dure la agonía,
por lo que descubre tu ropa
por lo que me muerdes,
por lo que me arañas y sometes.
V
Estos tres mandamientos
me sobran
para morir entre tus dientes
y seguir como un don nadie en la cola del infierno
cuando empalidece el río y
te apartas de mi costado.
Jorge Stteger Bongoâ