EL PUENTE DE LA CHINA (poema)
...no siempre; estás fresca.
Sufres un poco el calor y más la humedad
Vistes ropas livianas y bebes agua helada.
Llegas con el orgasmo dispuesta a renacer.
En el puente de Ching Ohy Cheng
vimos nuestra mejor puesta de sol.
La selva y los arrozales se incendiaron
con el sol al rojo.
Tu rostro se iluminó cuando te penetré.
No lamento la visión
que tuve de tu rostro
en el puente de Ching Ohy Cheng.
¿Ya sabes cómo se tejen las lanas de la vida,
como se entraman los minutos y
cómo se deshacen los segundos
si los pones bajo la lengua?
En el puente de Ching Ohy Cheng
tu rostro se iluminó.
Los días siguen siendo largos
Si el final supone una adivinanza
más que una comprobación.
En el puente de Ching Ohy Cheng
te besé el alma y me besaste largamente.
Resulte como resulte, amor tierno,
sea como sea querida mía,
no creo conveniente ver el mar a solas,
ni permanecer lejos del aire que respiras o
estar a la sombra del sol q te broncea.
Todo eso conlleva un conflicto o diez o
da igual si uno o dos millones de peligros,
riesgos, deserciones y decepciones
más una larga lista de inseguridades
nos encuentran en el horizonte.
Respirar o broncear la piel es imprescindible
pero soltar amarras también.
Que parta la barca
construida en los astilleros de tus manos.
Deja que surquen los mundos esas cañas y
aliméntate de arroz y celos.
En el puente de Ching Ohy Cheng
está amarrada la barca, amada mía.
Sube a ella y emprende el viaje
hasta que los días peregrinos
vean como regresas a tu trono,
te vuelva a besar
y cambies tiernamente tu semblante.
Jorge Stteger Bongoâ
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