LA COMIDA DEL DIABLO (poema)
Jugué al polo con caballos de escobas
al póquer con las cartas sin reinas.
Me puse sombrero sentado en el cementerio
usé calcetines en el infierno
navegué en trozos de papel
y me hundí en la bañera
con el ventilador dentro
y en cuatro minutos,
de esos que no se olvidan,
fui el hombre más feliz de la tierra.
Hacen falta muchos más segundos para olvidarte
unos diez o doce, quince talvez.
Pasé la goma de borrar. Hice un borrón
y de nueva forma vestí para la gala.
A la libreta donde tengo lo que debo
le arranqué las hojas impares
a la derecha las dejé para recordar
la fecha de ayer, tu teléfono, guardar el pagaré
y rogar a dios que te lo pueda pagar.
Nos invadimos con miradas
en la penumbra de una escalera.
Tú subías y yo también mirando tus caderas.
Pasé a tu lado disimulando el deseo
y rosé tu mano con el áurea del diablo.
De forma categórica dijiste
que no existió tal deseo la noche anterior.
Señalaste con tu mirada elegante
que no eras un simulacro cualquiera
ni fuiste mía toda la madrugada.
No estaba seguro de esos minutos ni de ti
ni de mí, ni del día en que vi tu amor caer
y llegar a lo hondo de la tercera copa
para operar el milagro de despertar.
Un mundo de lujos tienes y tus voluntades satisfechas.
Herencia que te marcó los faldones de prostituta.
Mentiste en seis cosas y dijiste la verdad a medias
media vez; tal vez…
Tal vez, me enamoré en vano
de tu vestido y piernas.
¿Pero dónde termina
la historia de los caballos de paja
y la orgía de cartas volteadas?
Termina en la tasca.
Allí donde recoges la basura
que da de comer al diablo y a sus amantes…
Jorge Stteger Bongoâ