LAS AMBULANCIAS Y SUS MIEDOS (poema)
En la comunidad de las asistencias
las ambulancias, (de regreso),
calan en los sitios de recreo.
Las sirenas,
(las mismas que hicieron oír en las calles)
se resisten a abandonarse en los talleres.
II
Andaba por el paseo
desde la lavandería a su hotel.
Sonreía con sus niñas de la mano.
Una ráfaga de poca luz y caliente
les atravesó el cuerpo.
Se miraron hundidas en el dolor
y en la impotencia del momento
se hicieron pausa.
Las sonrisas se perdieron en los presentes
cuando ellas tres
siguieron por segundos apoderándose del dolor.
Las afonías a cuesta de las gargantas
no supieron pronunciar con voces claras
el grito súbito que súbitamente murió con ellas.
Solo con dos señales madre y una hija
definieron el adiós como el último gesto.
No tuvieron tiempo para la otra mirada
ni la primera despedida se hizo abrazo…
Un líquido en común y dulzón hizo parte de la escena.
El color rojo vida se hizo un grano de obscena sangre
orinada, mezclada con el néctar de las flores
y los detalles de sus faldas se hicieron mugre
entre los árboles de añeja belleza.
III
Las sirenas llegaron y se fueron.
Los transeúntes de muecas y caricaturas
le preguntaron ¿qué pasó? a los fantasmas
que no supieron responder.
Más tarde,
fueron sepultadas con doce cadáveres más
en la fosa común a los poetas.
Se silenciaron con disparos más vidas
y veintitrés escopetazos con tres hembras
y dos mil más acabaron con los sobrevivientes
niños, sus padres y abuelos.
IV
Volvieron las ambulancias
a aparcar bajo los techos
y tapar con un manto de olvido
los renglones de la verguenza
pero no pudieron.
Tienen entre sus historias y hierros
más moral que los asesinos.
Acobardadas ante la tragedia,
se vieron oxidadas en los talleres.
V
Volvió el poderoso a la fiesta
con la noticia en el brindis
y en la comisaría se intenta falsear
la verdad ocurrida
por medio de los cómplices cuervos
y sus apestosos dineros…
En los aparcamientos las ambulancias
se resisten a hundirse en los desguases
y en los juzgados dieciséis denuncias
con sus testigos protegidos (con otras sirenas)
esperan en los despachos de los jueces.
VI
Se oyen más sirenas por las calles
que nadie olvida ni son de flores…
FIN
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La tarea primaria está hecha amigos míos y sus muertes no son ajenas a nuestro respeto y amor…
Jorge Stteger Bongoâ