LAS MANOS (poema))
Con el aroma de tu voz en mi boca
acercas la piel de la distancia a toda mi carne.
A pesar de las artes ocultas que aparecieron
detrás del escenario, los signos de interrogación
se sucedieron detrás de cada exclamación.
Saliste a pasear por la marea
dejaste la sal atrás y tus ojos se perdieron en mí.
Por el litoral, bajo las gaviotas
paseaba junio de la mano de julio
y era el veintidós, cuatro pies huérfanos.
Diez y veinte dedos estaban al servicio
de la caricia, de las cosquillas y
nos llevó al apego en el cuarto
al sur del norte.
La proximidad con el acantilado
el detalle de la hierva sin mojar
los cúmulos que no se dispersan ni lo harán
hicieron más que monerías donde no hubo sol.
Partía el asombro al otro lado del mundo.
Hizo dos maletas
y llevó consigo todas las faltas de ortografía
la caligrafía de jirafa, los acentos al revés
y en su cuello las bollas para flotar.
Te esperé del otro lado de mi vida.
Había dejado las espaldas apoyadas contra el ayer.
Nos vimos directamente a los ojos
para rozar nuestras historias y presentes.
Complotamos para la mañana siguiente
poder desayunar y partir
pero lo dejamos para después.
No había más secretos que ocultar.
No había galletitas para el te y no había
más café que una palmera resistiendo
el aire de tus pareos de lima limón.
Un beso me robaste con la luz verde
del semáforo en rojo.
Un abrazo me prendió a ti
y un cabello tras otro me enlazó.
Tus manos no pararon.
Cuando de mañana salí del cuarto tuyo
seguiste moviéndolas para despedirte.
Terminaste de hacerlo cuando tapaste tu rostro.
Secaste las lágrimas y te dejaste caer en la cama testigo
de dos noches y mucho amor.
Jorge Stteger Bongoâ