MI NIÑA Y SU MUÑECA LLAMADA LUZ (poema)
En el exilio,
la cercanía con la muerte y su lejana presencia
se ríe de la historia triste a contar.
II
Mi niña no tiene vos ahora.
No dice nada por el encierro
no consulta su almohada
ni juega en el tobogán.
Se cumplieron algunos de sus deseos
cuando
entró al mar,
cuando
empezó la primaria
cuando
montó en un caballo gris
cuando
aprobó su tercer examen de ballet...
Sus ojitos claros cerró despacio
y después del susto no volvió.
Traje a casa su vestidito de cumpleaños
una chocolatina enorme
que en su pequeña boca no entró.
Llegaron después
los regalitos de su cumple…
…una muñeca que no abrazó
una bici que no montó, los patines,
brillitos, fotos, libros de cuentos
pantalones, camisetas...
Después de cada abril y antes de cada junio
en cada verano, después de cada otoño
en medio de tu primavera
y al final de cada invierno,
el dolor me consume.
El tránsito emborrachado le arrancó la vida...
¿Dónde se escondió el borracho que la mató?
No tenía cincuenta o cien años cuando se fue.
En la noche de sus cumpleaños número seis
por muchas botellas de alcohol ajena
la vi volar sobre el asfalto silente.
Murió.
Mi niña murió asesinada...
Dejo mi carne
ante los ojos carroñeros del tiempo
y la voz que putea a dios está ronca
y tan maldecida como el infierno.
Cuando
la parca me ilumine
cuando
la pena me escrache y termine de consumir
cuando
me deshaga de la pena que arrastro conmigo
tendré en mis manos de muerto
el vestidito nuevo
cuando sus seis años
y su muñeca de trapo llamada Luz...
III
Moriré mañana
con los ojos desnudos y abiertos.
Me impondré con las garras
de esa maldita noche de una puta vez
y
tendré la oportunidad de matar con odio
al borracho que no murió.
Jorge Stteger Bongoâ