ZAPATOS EMBARRADOS (poema)
Ayer, sin ir más lejos
arranqué los pies embarrados
de la ciénaga en el infierno.
Cuando llegué donde quería
pasaron carruajes tirados por caballos
niños en bicicletas alquiladas
gente por doquier…
Es junio pero aquí hace frío.
A mi lado, un río enorme y poca agua
con un palco donde todos aplauden
mi rendición.
En el hotel de mala muerte
en las rodillas de un murciélago
nos encontramos tú y mis pocas palabras.
Envolvimos los sueños y brebajes
en las mismas mortajas de antes
dentro de misma aureola y,
la dejamos fuera de la Gracia.
No éramos inocentes de morir hechizados
y gracias a la misma baba de Barba Azul
nos distinguimos entre los muertos.
La habitación rebosaba luz y barbarie.
Corrían los relámpagos por sus paredes
puertas y armarios. En el baño había
suficiente papel higiénico para redactar
los testamentos pero nos faltó tinta.
II
Desde que salí de allí y me aislé en otro país
desde que tus mensajes de cobranzas no me llegan
desde que en este club de prisioneros no abren las puertas
desde que el sol entra a cachos a mis bolsillos
desde que las flores que te regalo son de balas
desde que estos son versos llenos de un hombre llano
desde que te brindé lo poquito que me viste brindar
desde que me confundiste con tu amante
desde que me dijiste amar, desde que te dije hola y adiós
desde que te escribo con el alma en los calsoncillos
desde que lo que lees son tus silencios a los gritos
desde que se te desnuda el alma en un espejo
desde que el tiempo dejó de arrancar los trenes
desde que duermes la siesta de madrugada
desde que se jubilaron los jóvenes de mi terruño
desde que el desde dejó las ventanas abiertas
los motivos del parto sin números en el calendario
y la caparazón de ciegos viendo oasis donde no los hay
seguimos unidos hasta que el mar llegue al río.
III
¿Quién era yo antes de saber de ti?
¿Quiénes éramos nosotros desde que nos separó el viento?
¿Quién eres tú, que sigues arrodillada?
IV
Salgo en tu dirección.
Viajo hoy mismo con mi trocha al hombro
y un mapa sin países, solo tu calle y margaritas.
Dos mudas y un par de sandalias viejas me verás llevar
con otro ramo de esperanzas
aunadas a los anzuelos para pescar.
Calzo mis chanchas y comienzo mi andadura
por las vías cercanas a los senderos y veredas.
Se llama tarde donde estás, noche aquí.
Quédate sin la idea de cuándo te veré
luego llego y me verás.
Llego cuando allá sea miércoles,
cuando el eclipse sea visible
y cuando la luna no sea solo de papel.
Jorge Stteger Bongoâ