AQUELLA LAGRIMA (poema)
Rodó aquella lágrima.
Se despeñó solita, insólitamente.
Conmovida se arruinó en la calle
y cuando no había más recurso
fue dejando su estela de sal
a merced de las ratas.
Se negó la noche a abandonar el paisaje.
Cruzó cabizbaja el mundo
por hallar una caricia que no encontró.
Lloró,
la lágrima lloró.
Desganada la encontré errando en la calle
sin sonrisas para el recuerdo, sin portavoz,
con desinterés en volver al rostro y
pidió que la dejara morir.
La comprendí vagando infame bajo el rocío.
Llevaba consigo los bolsillos llenos de sombras
y las luces sonrojadas de los carteles en las arterias…
Advertí su paso
como un limosnero que no tiene casa.
Sentí que dios no honraba su sentimiento
y amaneció bajo sus pies
el día sin que hubiera noche.
Anocheció sin que hubiera días de fiestas.
El crepúsculo pintado de algún color raro
como los labios, los que me besaron
hizo de la espina clavada en mi alma
la rueca que giró encima de la lágrima.
Se arrinconó en el pasadizo de un túnel
y la volví a ver hundida naturalmente.
Nos conocimos siendo uno
y volvió las espaldas al mundo del que salió.
Si a nada está acostumbrada a nada
se acostumbrará ahora…
Inmediato puede ser el salto del poeta que no encuentro
con la luz del vino en la botella descorchada.
La salida está en la puerta. La lágrima con la poca sal que tiene en sus víseras cuece la comida de la antipatía y lentamente el rincón de la soledad.
Jorge Stteger Bongoâ