COMPLEJO (poema)
¿Cómo enamoraré mis tribus a tus manos
y el interior que muestras
cómo haré para verlo
estando sin talento suficiente para volver
y distinguir el alma del vendaval
que dejas detrás de cada ducha?
Venga tu trama sedosa a mis brazos abiertos
sin el nombre de la costa que moja tu océano
con lo poco o nada que entra en tu maleta
pero no entres en mi pozo condenado a la soledad.
Pero ven…
Ven que te espero y huyo.
Sácame de él y no digas nada
que me mate
cuando me dé el sol en los ojos.
Aquí estoy con mis miedos a oscuras.
El sol asesina sin miramientos a los que no ven.
El tiempo me lo dijo. ¿Es verdad?
Hace pocos siglos
que el naufragio aconteció entre otros muros
y piernas bronceadas.
Despilfarré el sueño al relatar un cuento modesto
y la verdad de la memoria no bastó
para mojarme en la melancolía.
No me desencanté con el mito y si pierdo
en el delito los barrotes del tiempo,
¿qué haré tras la barra de un bar de buena muerte
frente a tus faldas para piernas largas de biblioteca?
¿Qué?
La herencia es una materia
con gran personalidad a ser instrumentada.
Aquí es donde cae la cortina de la vergüenza
y ¡cuánto me molesta el aire norte y la lluvia
cuando no caen como antes hacían!
No comprendo mi mundo
No comprendo
cómo no consigo intuirlo y desaparecer al verte.
Vengan tus dudas y trae tus manos para acariciarme
aunque no las sentí deseadas después del café
pero sí antes de la muerte.
Venga tu mar aunque venga con lo sanguíneo
a una estación lejana de cercanías.
Pero que venga y que venga ya
ahora que me fui
A mi juicio idóneo y dudoso
de jornalero en la magia de escribir
le falta tiempo para aparecer cadáver.
Necesito quitar la mortaja del ropero y llevarla a lavar.
La usé en la última eternidad y está sin latidos.
La colgué de los carretes de fotografías fraguadas.
Huele a rancio.
Coagulada está la sangre que vertió mi dolor al dejarla.
Fabriqué experiencias forjadas y malhechas
en la última visita al barbero
y malhecha y distante se hizo la hora
en el pulso del tiempo que presta servicios
en la comisaría de dios.
¿Por qué necesito sentir tu costumbre
entre los hilados de las costuras que arrancas con los dientes
y por qué sigues acostumbrada a los años,
a crucificar, a los viajes, al sexo y a llorar?
Sin el agua de tu ser en mí, tengo sed de ti.
Contigo el manantial es leño y sombrío queda
al apagar el incendio
¿Por qué es tan tremendo el desprecio del día
cuándo en la noche no hago más que pensar
en ti y en mí?
¿Por qué el rayo de luz se clava en mis desvaríos
y no deja que revuelva el cóctel de noche y día
de semanas y años
en que me pueda enamorar de tus manos, palabras
alma y penas na bossa nova?
Eres y fuiste el vendaval que me dejó sin peinado
después de la última visita al barbero que murió
y está usando la mortaja que le prestó mi cadáver.
Jorge Stteger Bongoâ