LA CRUZ (poema)
Estoy parado en el centro neurálgico
de una cruz aguada en medio del océano.
Tu perseguida sombra renace en mí
y tus alegatos de negrura pálida
con el impensable sabor a distancia
vuelan alrededor del cielo y dos estrellas.
Una de ellas en tu cama de señora
y la otra estrella en tu cama de fiel, amante
y puta.
Brillas intermitente.
Te enciendes bajo la mantilla
con el reposado espectro que mira tus caderas de sal.
Ríes y silencias…
La comisura de los labios, el reposo en las miradas
el diablo dentro de mí y la dueña de mis enigmas
muestran que somos espectadores y protagonistas.
Antes del minuto indicado en una fotografía del cuarto
bajas elevando un salto y un clamor al padre
del hijo de no se quién…
A los cincuenta y nueve segundos comienza la hora.
Las manecillas que son de arena y lacre regresan
se van, corren, desaparecen, se estrechan, reinan...
Primero anochece, después sigue anocheciendo
y después todo es muy oscuro…
La marea de salitre y ponzoñas, sostiene la cruz que piso
desde hace un par de días, dos años, seis horas
y una eternal utopía.
Cuando reiniciamos el día
el sol opaca la luz del cuarto
y ríes cuando no lloras la despedida y cierras la puerta
sin mirar al cielo, con angustia, ira, dolor, lágrimas… despedida…
En mis manos tu perfume se hace cuna
y los zapatos que abandonaste con la voz insonora
comienza trayendo el rico sabor a bienvenida.
Jorge Stteger Bongoâ